Mis razones para no creer en la izquierda

Dicen que todos cuando somos jóvenes nos sentimos atraídos de alguna forma a la ideología de la izquierda. La verdad es que esa teoría de que todos podemos vivir en igualdad de condiciones es muy linda y romántica, pero al final del día no es más que un ideal difícil de alcanzar. He vivido un régimen de izquierda durante años y puedo enumerar mis razones para no creer en la izquierda.

1.       No hay verdadera justicia social: la justicia social es que todas las personas tengan igualdad de condiciones para acceder a los beneficios del Estado. Beneficios que se cubren a través de pago de impuestos y otros ingresos del PIB de la nación. Esto en Venezuela no era una realidad. Desde antes del gobierno de izquierda, universidades y hospitales, escuelas básicas y liceos, entre otros beneficios que se supone eran derechos de los venezolanos estaban en deplorables condiciones. Sin embargo los empleados, llámese médicos, profesores, maestros, etcétera se esmeraban para trabajar en condiciones difíciles. Durante la “revolución” esto pasó a ser de plano deplorable, sin insumos médicos con edificaciones que se caen a pedazos. En un país que gozó más de una década de bonanza petrolera, es simplemente inexplicable que la gente muera por falta de antibióticos, medicamentos para la tensión o material quirúrgico, sin contar medicamentos más especializados como por ejemplo aquellos de quimioterapia.

 

2.       Todo es culpa de agentes externos: primero era Bush, el imperio, la CIA. Ahorita es la guerra económica. Lo más impresionante es que hay gente dentro de Venezuela y fuera de ella que cree en esos argumentos. En una reunión aquí en Chile surgió el tema de mi país y alguien intentó hacer el típico “mansplaining” del asunto. Sus palabras textuales fueron “pero es que tu sabes que la culpa de lo que pasa en Venezuela es de los Estados Unidos”… eh no, la culpa de lo que pasa en Venezuela es de la cúpula que gobierna al país, de la corrupción, de medidas económicas populistas que se mantuvieron durante años, de programas para repartir dinero y mantener al pueblo votando por un partido político elección tras elección. A Estados Unidos le importa tan poco lo que pasa en Venezuela que no fue sino hasta hace un par de meses que tomaron medidas en contra de personajes de alto perfil en el gobierno de Venezuela.

 

3.       He visto la miseria de la izquierda en primera persona: a mi nadie me contó sobre la gente que estaba en el hueso, ni me contaron sobre las personas escarbando en la basura para comer porque yo las vi con mis propios ojos, una y otra vez, todos los días al salir de mi casa. Yo misma sufrí buscando medicamentos para mi hijo o los inhaladores para el asma de mi esposo. No fue un simple cuento el de un hombre que murió en el estacionamiento de una farmacia por un ataque de asma, tratando de encontrar un inhalador para poder respirar. Ni es cuento la cantidad de niños que han muerto por no tener tratamientos de quimioterapia. En este momento en Venezuela ni siquiera ir a un centro de salud privado es garantía de que vas a tener acceso a tu tratamiento médico. Ni siquiera los hospitales privados tienen antibióticos, tratamientos para la tensión, o forma de tratar verdaderas emergencias más que la creatividad y el rápido accionar de su personal.

4.       Tengo amigos que salieron de Cuba a Venezuela en el auge de las misiones médicas al inicio del gobierno de Chávez y hablar con ellos es darte cuenta que Venezuela estaba recorriendo el mismo camino del país caribeño. La tarjeta de racionamiento es la bolsa del “Clap”; casi todo el país depende de un sueldo con el sector público, básicamente porque la inversión privada ha desaparecido debido a las expropiaciones y las dificultades de acceso a divisas. No tenemos prohibición de salida del país, pero cada día es más difícil acceder a un pasaporte y comprar un boleto. Los servicios públicos son deficientes y la gente lo único que puede hacer es quejarse sin tener verdadera esperanza en que puedan mejorar. De hecho la mayoría sabe que las cosas sólo van a ponerse peor.

5.       En Venezuela, con la izquierda, no hay calidad de vida: antes del chavismo es innegable que las cosas estaban mal en Venezuela, quien diga lo contrario no tiene memoria o vive en negación. Había inseguridad, había corrupción y había una cúpula de dos partidos que gobernaba al país a su antojo. La gente se conformaba diciendo “roban pero hacen” y la verdad es que eso no puede ser el parámetro de gobierno de ninguna nación respetable. El único cambio que trajo la izquierda fue pasar de dos partidos que gobernaban a su antojo a que un solo partido tomara poder absoluto sobre el país. Hay más inseguridad que hace 20 años, hay menos oportunidades de crecimiento personal, hay menos oportunidad de emprender y estás sometido a los cambios casi hormonales de quienes ostentan el poder. No hay posibilidad de planificar ni siquiera un presupuesto familiar, porque la economía no te lo permite, mucho menos de ahorrar para alcanzar metas.

 

No puedo apoyar a un sistema de gobierno que irrespeta al ser humano, que permite que el hampa se apodere de todos los espacios, que deja que cosas malas le pasen a la gente buena, que roba el esfuerzo de toda una vida a las personas para dejarlo perder en la desidia del aparato público. No puedo apoyar una ideología que dice que trabaja por el pueblo, pero permite que ese pueblo escarbe de la basura para mantenerse vivo. No puedo apoyar una metodología de gobierno que se mueve a través de la mentira y la manipulación para mantenerse en el poder.

Lo siento, pero jamás podré identificarme con la izquierda.