Laca, medias panty y mini faldas.

Cuando llegas a otro país muchas cosas te resultan raras.  Costumbres que cuestionas porque te parece imposible que tengan sentido.  El razonamiento va condicionado por ese cristal cultural a través del cual lo miramos todo.  Parece que la lógica se transforma de un lugar a otro.

También es cierto que en Venezuela somos muy efímeros, pasamos de una moda a otra ligeramente.  Los estándares estéticos los dicta la televisión y es bastante extraño que una persona mantenga su estilo durante décadas.

En España he encontrado looks que hace años no veía y no por aquello de que “las modas siempre vuelven” sino porque algunas ni siguiera se han ido de aquí.  Lo primero que me llamó la atención fue el peinado de las señoras que van cada semana a la peluquería y les arman esos copetes a lo “Falcon Crest” o “Dinastía”, abombados con tanta laca que no hay viento que se lo tumbe.  Por otro lado, el cabello rizado aquí reina, con cortes tan de los 80’s como afro arriba mezclado con melena.

Una prenda que casi no veía en Venezuela son las medias panty.  Ya ni se usaban en las fiestas de traje formal allá, pero aquí son indispensables.  Las usan todo el año, especialmente las adolescentes para acompañar sus shorts o minifaldas, así no estás del todo descubierta y te proteges del frío.  En invierno las medias son más gruesas y son el complemento perfecto para evitar usar pantalón todo el tiempo.  A mí me fascinan desde siempre.

Por otro lado, las minifaldas aquí las usan mujeres de casi todas las edades.  Es impresionante porque te encuentras señoras bastante mayores con faldas muy cortas.  De hecho, las ves de espalda y no pasa nada pero cuando se voltean te llevas la sorpresa.  En Venezuela la minifalda tiene edad.  Recuerdo cuando mi hermana mayor me regaló unas cuantas de las suyas y sentenció “yo eso ya no me lo puedo poner”.  La verdad es que ver a “una doña” con minifalda todavía me causa cortocircuito.

En Venezuela salir a la calle en minifalda es intimidante.  Los hombres se propasan con eso que creen son piropos pero que en realidad son acoso obsceno e incómodo, palabras que, por cierto, en España están muy mal vistas y que rozan el delito.  Da gusto vestir minifalda por estos lares, te sientes más segura.

Al final con el tiempo uno se acostumbra a casi todo.  Las cosas dejan de ser raras, los prejuicios se van borrando y se te empiezan a cruzar los cables.  Terminas siendo un batiburrillo totalmente nuevo, que ni es de aquí ni de allá.

Elvira Juárez