Emigrar de Venezuela en medio de la crisis

Como muchos otros venezolanos, soy una de millones que vive fuera del país. Me tocó emigrar de Venezuela, una decisión que tomamos quizá tarde, pero aún a tiempo. Salir no fue fácil, pero lo logramos.

Cuando yo me fui, apenas en julio de este año 2017, sabía que las cosas sólo iban para peor, pero jamás te puedes imaginar lo rápido que se degradaría la situación. El colegio en el que mi hijo estudiaba pasó de costar 100 mil bolívares a 550 mil, y eso es sólo una muestra de lo que es la acelerada inflación.

Y una vez que sales y te das cuenta que vives tranquilo, con menos estrés porque tienes acceso fácil a todo lo que en Venezuela estaba escaso o era un lujo, te preguntas cómo pudiste vivir tantos años de esa forma.

Vives también preocupado y hasta con culpa por la familia que queda en el país, y siempre estás pensando en maneras de sacarlos. Pero también sabes que desde afuera puedes ayudarlos más que lo que podías viviendo en el país.

 

Emigrar de Venezuela, toda una hazaña

Siempre lees en las redes sociales la típica competencia absurda de si es más “valiente” quedarse en Venezuela o salir del país. Emigrar en sí es un acto de valentía, porque implica abandonar la vida que has construido para empezar de cero en otro lugar.

Quizá algunos son más afortunados que otros y tienen mejor posición económica, que les permite emigrar de Venezuela con más dinero, pero la verdad esa no es la realidad de la vasta mayoría del que sale del país en este momento. Si entras en los grupos de Facebook de emigración verás una preocupante cantidad de jóvenes, apenas mayores de edad preguntando si es posible llegar a Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Argentina con 100 o 200$. Por cierto, la respuesta inequívoca es, no, no puedes.

¿Quedarse es valiente? Si, probablemente lo es, pero por cuánto tiempo más será sostenible para la gente joven que quiere progresar en la vida, que quieren construir una familia o quizá una familia no es su meta, pero si lo es vivir bien, tener casa propia, viajar y conocer al mundo. Eso cada día será menos posible en Venezuela. Si de verdad quieres alcanzar esas metas comunes de todos los seres humanos, Venezuela no es el camino.

Más allá de la disyuntiva política, económicamente Venezuela es un país complicado, que tardará años en recuperarse una vez que alguien tome las decisiones acertadas para iniciar ese proceso. Y eso parece estar cada vez más lejano.

Una parte de tu cabeza te dice que lo “normal” sería creer en el país que te vio nacer, pero esa debe ser la parte emocional, porque la lógica te indica que no puedes creer en un lugar que te arrebató todos tus sueños y te arrinconó sin opciones a emigrar.