La vida on demand

Mami, ¿cuándo eras niña habían youtubers?
- No, no había Youtube, ni Netflix, ni canales infantiles. Solo pasaban comiquitas en las tardes y los sábados en la mañana.
(Sorpresa) ¿Y qué hacías cuando no pasaban nada en la tele?
- Jugar o simplemente esperar-

(Angustia) Oh, no... pobre mami.

¿Qué les puedo decir?, a los ojos de mis hijos (7 y 11) mi infancia era un verdadero bodrio.

Eso me hace pensar que ya existe una generación entera que no vivió la adrenalina de levantarse un sábado a las 6:00 am para adueñarse del control remoto -si por suerte había uno- y decidir qué canal ver en la tele familiar. Aquello era un triunfo total.

Los chicos de ahora no saben esperar. Crecieron con la certeza de que todo lo pueden tener aquí y ahora, sea cierto o no.

Tener las cosas a disposición justo cuando queramos es lo que se conoce como "on demand".

Pero seamos honestos. Los niños y los adolescentes no son los únicos presos de esta tentación. Levante la mano quién no ha ido con ojeras inocultables al trabajo porque la noche anterior quería ver un solo capítulo y terminó maratoneando.

 

¿Problema o realidad? 

Me preocupa que esta cultura aniquile la máxima de nuestros padres sobre la paciencia para alcanzar las metas, ya saben, aquello de esperar la recompensa.

Ejemplos sobran. Ya no nos esforzamos por conquistar al tipo indicado, y no importa. El indicado ahora está al otro lado de la pantalla, a solo un click.

El otro día pregunté en grupo: ¿Cuántos episodios se le dan a una serie para saber si les gustas o no?. Las respuestas variaron de 1 a 5. Podría seguir indagando: ¿Cuántos minutos le dan a una cita antes de recurrir a una excusa para zafarse?. 

Cambiemos el enfoque un segundo. La neurobiología asegura que para aceptar un nuevo sabor, el paladar requiere al menos 5 contactos previos para poder integrarlo.

A mí me sucedió con el sushi. No soy fan de la comida fría y por eso la primera vez que fui al restaurant japonés ordené carne salteada, arroz y vegetales. (Sí, una loca). La segunda vez me animé con un roll tempurizado. La tercera vez probé un roll frío y no me agradó. Intenté dos veces más. Ahora puedo comer cualquier variación y de hecho, los platos calientes son mi última elección. 

¿Otro ejemplo? Los dulces de la despensa. ¿Qué padre del mundo no lucha para qué las galletas y las golosinas duren – al menos – una semana?. Cuando estamos chicos no entendemos eso de "dosificar" y está bien mientras crecemos. Ahora, que un adulto no sepa ponerse límites no es una tema menor, que -lamentablemente -  comienza a ser algo común.

 

Easy come...

Ese beso, ese diploma, el carro, el matrimonio... Muchas cosas que atesoramos nos costaron mucho esfuerzo. Ya no sucede tan seguido. Hoy el paquete de galletas dura minutos porque "YOLO". Terminamos series en un solo fin de semana, duramos escasos seis meses casados, cambiamos de trabajo cada tanto y a veces, hasta de profesión.

Quizás no hay parámetros normales para aceptar o rechazar algo, y menos para alcanzar un objetivo. Tal vez lo que a nuestros padres les llevo una década, a nosotros puede llevarnos un año y a nuestros hijos, unos pocos meses. 

 

Una sociedad demandante

Los psicólogos coinciden en que la satisfacción a largo plazo cada vez es menos frecuente como motivación. ¿El resultado? Una sociedad cada vez más infantil, demandante, egoísta y menos dispuesta a hacer la tarea necesaria.

¿Una escena de película que ilustre mi punto? La de Andy en El diablo viste a la moda cuando se queja con Nigel sobre el maltrato de Miranda. - La frase “Be serious, you are not trying...  Wake up, sweet heart” lo resume todo.

No lo niego. Tener todo cómo y cuando lo queremos (haciendo el mínimo esfuerzo) es un escenario soñado, pero pensemos:  ¿Es justo?. ¿Es real? ¿Lo merecemos?.

Sí, tener todo cómo y cuando lo queremos) haciendo el mínimo esfuerzo) es un escenario soñado, pero ¿Es justo?. ¿Es real? ¿Lo merecemos?.

 

 

 

 

 

 

 

Linny Suárez